Las primera intendencia Amaya-Alperovich. El autogolpe.
Bussi Intendente
En Octubre del año 2003 el general Antonio Bussi debía asumir el cargo de intendente de la ciudad de San Miguel de Tucumán, en la provincia de Tucumán, Argentina. En la década del 1970, Bussi dirigió el Operativo Independencia, la operación militar contra la guerrilla y un plan piloto de secuestro, desapariciones y exterminio que se replicaría los años de la dictadura. Bussi ya había ostentado otros cargos públicos electos, como gobernador de dicha provincia.
Bussi había ganado la elección el 29 de Junio de 2003 por 17 votos sobre Gerónimo Vargas Aignasse, hijo de un senador desaparecido en 1976. Sin embargo, casi un mes después, el 26 de Julio de 2003 el militar sería detenido por el juez Rodolfo Canicoba Corral en el marco del pedido de extradición hecho por el magistrado español Baltazar Garzón. Este último llevaba adelante juicios contra los criminales del terrorismo de estado de la última dictadura argentina. A diferencias de otros cargos, el de intendente de la ciudad capital de Tucumán no tiene fueros (un especie de inmunidad judicial) y intendente electo quedo detenido sin poder asumir sus funciones, quedando el cargo acéfalo.
Por otro lado, José Alperovich, había ganado la elección a gobernador. Alperovich había sido ministro de economía en la gobernación Miranda, durante los años de las muertes por desnutrición, tan sonadas en todo el mundo. El cargo vacante de la intendencia de la ciudad más importante de la provincia hizo que Alperovich pusiera a uno de sus hombres en el cargo. El elegido sería Domingo Amaya quien ostentaba el cargo de secretario de Turismo del poder ejecutivo. Hay que remarcar que como bien señala Daniel Blanco, “Amaya no era concejal y tampoco había sido candidato a ningún cargo en aquella elección”.
La Conjura y la suma de poderes

En noviembre de 2003, y con sospechas de presiones y sobornos, el consejo deliberante le dio a Domingo Amaya el cargo de intendente. Como bien señala La Gaceta, “Durante su gestión, Domingo Amaya podrá, también, disponer de las propiedades municipales que no sean de uso público; adherirse a normas financieras; renegociar la deuda municipal, tomar empréstitos, y solicitar anticipos financieros y préstamos al Poder Ejecutivo, afectando la coparticipación. El intendente provisorio podrá, igualmente, efectuar modificaciones presupuestarias, adquirir compromisos de metas fiscales y dictar las medidas correspondientes; rediseñar las políticas tributarias, y solicitar a la provincia la colaboración en todas las tareas que crea necesarias.”
El intendente provisional asumía su cargo con poderes que excedían incluso al de un intendente electo. La suma de poderes debió hacer sospechar a los ciudadanos, ¿para qué los necesitaba un interino? El sentido común dictaba el llamado a una nueva elección. Para el profesor de derecho constitucional de la UNT, Raúl Martínez Aráoz, se podría hacer una analogía entre el artículo 77 de la Constitución provincial y la Ley Orgánica de Municipios. Aquel prevé que al producirse una acefalía mayor a dos años se debe llamar a elecciones.
Sin embargo , la ley le daba al dúo Alperovich-Amaya, un recoveco legal para continuar en el poder, ya que la ley 5.529 dice que el Concejo Deliberante puede elegir un intendente sin importar el tiempo. También prevé que si el tema judicial no le permite asumir a Bussi quedaría encuadrado en la “inhabilidad” y produciría la “vacancia” del cargo. Con ello el Concejo puede elegir un alcalde.
La ciudania tucumana marco su rasgo más característico democratico, la impasividad. Mientras tanto Amaya ya tenía problemas dando marchas y contramarchas. Como la fallida anulación de cargos sospechados de clientelismo de la “gestión anterior”. Amaya estaba designado hasta el 2004, y la situación debería resolverse pronto.
Amaya continúa y las urnas estan bien guardadas
La oposición no vendría de otras fuerzas politicas, sino del mismo seno del partido justicialista. Vargas Aignasse al ver el plan de Alperovich dijo en Abril de 2004 “Un año después, el gobernador, sin consultar al PJ, pretende imponer a dedo a su delfín, que no participó de esos comicios. A pesar de que con los 81 votos que obtuve logré 4.000 sufragios más que Alperovich”.
En Julio de 2004, el consejo deliberante ratifico al “interino” en su cargo: “En la madrugada de hoy, el Concejo Deliberante de esta capital prorrogó el mandato como intendente interino del justicialista Domingo Amaya hasta octubre de 2007″ La Gaceta reflejaba su postura al decir que “el jefe municipal obtuvo un importante aval para realizar una gestión más previsible desde el punto de vista institucional” Pero de elecciones ni hablar. Casi se podría haber aplicado la frase del dictador Galtieri, “las urnas están bien guardadas”. Como señalaban Esteban Jerez (partido Recrear) y su compañero de partido, Pablo Walter, “los vecinos y no un grupo de concejales de escasa representatividad eran quienes debían elegir al intendente”. Pero esto enfurecía a concejales como el radical Raúl Pellegrini que respondía “Pretenden desacreditar al cuerpo, para generar anarquía”. Incluso desde el mismo partido de Bussi se defendía la elección de Amaya y el no llamado a elecciones desacreditando a la única oposición, el bussista Miguel Brito fue más duro aún. “El patrimonio de Jerez es la mentira, porque hacía política camuflado de fiscal. Y la cualidad de Walter es la de ser un traidor”
Alperovich le había dado al consejo deliberante 30 días para extender el mandato de Amaya y dejar de tener “un intendente a plazo fijo”. Mientras tanto Bussi seguía detenido, y autorizado a cumplir arresto domiciliario. Faltaba solo una año para poder usar la clausula de “vacancia” y designar a un intendente sin pasar por las urnas.
La renuncia de Bussi y el autogolpe

En Setiembre de 2005 Bussi presentó su renuncia definitiva al cargo electo de intendente de San Miguel de Tucumán. Uno de sus hijos y heredero politico, José Luis Bussi, aseguro que “su delicadísimo estado de salud y al particular hastío que le causa la tremenda persecución ideológica a la que está siendo objeto”. Extraña actitud de renuncia y cobardía de un hombre que decidió sobre la vida y muerte de otros.
Domingo Amaya afirmaba que “los vecinos quieren que él siga al frente del municipio tras la renuncia que ayer presentó Domingo Bussi”. Parecía que seguía sin ser necesario que el sistema democrático usara su mecanismo, llamado elecciones, que pudieran ratificar tales afirmaciones. Pero Amaya vuelve a ratificar su pensamiento de la inutilidad de usar el llamado a elecciones “Los vecinos han comprendido que ellos son los únicos privilegiados y no los políticos, como sucedía antes. Y, por eso, quieren que sigamos trabajando, porque las luchas son para el pequeño mundillo político”, afirmando que solo la clase politica debe entender de tales asuntos.
Tímidas voces llamaron a la cordura sobre la irregularidad, Gustavo Usandivaras (UCR) expresó que “la única posibilidad de normalizar la administración municipal es legitimando el cargo con el voto popular” Pocos fueron enérgicos como Gernónimo Vargas Aignasse: “Si no llaman a comicios, habrá planteos ante la Justicia. La disposición de la Ley Orgánica, que queda la solución en manos del Concejo Deliberante, es inconstitucional, porque la Carta Magna provincial establece que los intendentes deben ser elegidos por el voto directo de los vecinos”
Nada de esto prosperó y el 1 de Octubre del 2005, Amaya sería un intendente que cumpliría un mandato sin el voto popular. La Gaceta es escueta en la crónica del hecho, por eso lo transcribo a continuación.
“El voto favorable de 10 concejales ratificó a Domingo Amaya como intendente de la capital hasta el final del mandato (29 de octubre de 2007), por la renuncia de Antonio Bussi al cargo de intendente electo. Antes de esa votación, los concejales radicales, los republicanos y Eduardo de Zavalía (Recrear) se retiraron del recinto. En cambio, los nueve justicialistas y Hugo Danesi dieron su aprobación. A las 20, llegó Amaya al Concejo, donde prestó juramento por segunda vez (lo había hecho en noviembre de 2003 en forma provisoria), en medio de los cánticos de sus seguidores.
Daniel Blanco que escribe para Prensa Obrera lo define como un “autogolpe”. El mismo resume los motivos de la intendencia Amaya: “si se tiene presente que Amaya es impulsado como el principal candidato de la lista de convencionales de la capital por Alperovich, su consagración es una jugada dirigida a asegurar el plan reeleccionista. Por otro, es la manera de dar continuidad a los negociados que desde la Intendencia se han venido ejecutando con el presupuesto municipal a favor de grandes empresas, como la 9 de Julio, encargada de la recolección de residuos, o las grandes constructoras beneficiarias de las obras públicas impulsadas por el Municipio”
Hay que recordar que Amaya no era concejal y tampoco había sido candidato a ningún cargo en aquella elección provincial del 2003. Con la toma del cargo de intendente, Domingo Amaya allanó el camino a su reelección municipal. En el 2007 ganó por una amplia mayoría, y solo en ese momento reconoció la validez del mandato popular: “Los más de 180.000 votos que me honran con este cargo son un mandato preciso de conducción y de administración”.
Conclusiones
Un tucumano, de aquellos extraordinarios que también tuvimos, Bernardo de Monteagudo escribió frases que se adaptan al caso que estamos viendo. Sobre la negación al voto popular:
¿Son acaso extranjeros o enemigos de la patria para que se les prive del derecho a sufragio? Jamás seremos libres, si nuestras instituciones no son justas”
El mesianismo político:
“El déspota atribuye su poder a un origen divino, el orgulloso que considera su nacimiento o su fortuna como una patente de superioridad respecto de su especie, el feroz fanático que mira con desdén ultrajante al que no sigue sus delirios”
Sobre el adormecimiento del pueblo:
“cuando en las desgracias comunes(…) el tirano ensaya sus recursos y persuade fácilmente a un pueblo aletargado que la fuerza es un derecho”
En honor a la verdad, la maniobra Alperovich-Amaya fue legal. Amparada por leyes injustas, imperfectas o incompletas. El accionar dará licencia de impunidad a la clase gobernante y marcará las características del sistema democratico actual: el adormecimiento del pueblo, el despotismo, y la voracidad de más poder de la clase política.
Las inmorales votaciones del consejo deliberante de la capital de Tucumán se hicieron, por extraña ironía, en la sede ubicada en la calle B. Monteagudo. Hay recordar lo que decía el tucumano, no para una clase dirigente autista, sino para nosotros, que el poder del pueblo es indelegable y solo el mismo puedo ejercerlo.
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Referencias:
Diario Clarin: 27 Julio 2003
Revista Contexto: nº 270 – 15 de Setiembre 2003
Prensa Obrera: Octubre 2005.
La Gaceta: 11/11/2003 -Abril 2004 -8/7/2004- 29/09/2005 – 1/10/2005 – 1/3/2008
Felipe Pigna: Los mitos de la Historia Argentina.